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LOS APODOS
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En Aldeacentenera como en muchos otros lugares, había la costumbre (aún hoy en vigor) de llamar a cada persona por un apodo. Éste sobrenombre o "mote se transmitía de padres a hijos, otros se les ponía nuevos, etc. Como a muchas personas se les conocía mejor por los motes que por los nombres y apellidos cuando se hablaba se decía el nombre de la persona seguido del mote y así se sabía a quien se refería. En Aldeacentenera hay y se siguen usando muchos. Esta es la lista recogida: |
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VESTIMENTA
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Antiguamente cada pueblo tenía su forma característica de vestir. Se conocían los garcieños, madroñeros, torrecillanos, rotureños.... por el color de las chambras, de las camisas, y de los pantalones; por las gorras, sombreros o boinas y hasta por la manera de ponérselos. En Aldeacentenera, el hombre para diario, usaba pantalones de pana, camisas a rayas o caqui y chambras, negras los viejos y caqui los jóvenes. De ropa interior, calzoncillos largos atados en los tobillos y camisas que les hacían sus mujeres, con vuelo en la espalda y tirilla en vez de cuello; en invierno, camisetas de manga larga, y calzoncillos largos de punto, blancos o grises, según el oficio. Usaban unos pañuelos de la mano muy grandes, a rayas formando cuadros blancos y azules que les decían "de yerbas",; cuando hacía calor se los ponían al cuello. La chambra solía ser de dril, tenía canesú por delante y por detrás, donde iban fruncidos delanteros y espalda para darle amplitud, mangas amplias fruncidas en los puños que se abrochaban con botones, dos bolsillos con aberturas verticales y abrochadas de arriba abajo; en el cuello una tirilla estrecha pespunteada y abrochada con un botón y un ojal. Algunos hombres viejos vestían con calzones (pantalones de paño muy ajustado) y polainas. Los pastores usaban zamarras de pieles con lana. Para calzarse, llevaban borceguíes de piel de becerro atados con "majoleras", a los que engrasaban y les decían zapatos, y botas más finas; algunos para el campo, usaban albarcas, hechas la suela de goma y la parte superior de piel, cerradas con hebillas. Las mujeres usaban blusa, pañuelo al cuello y a la cabeza; saya y guardapiés, sobre el que se ponían el mandil y bajo éste, asomando un poco, la faldriquera. algunas ancianas usaban pollera tejida. El conjunto era de color oscuro. Las sayas de abajo solían ser de rayas formando cuadritos negros y grises; el guardapiés, casi siempre negro. Las blusas también eran algunas de telas negras y grises y los pañuelos del cuello, de colores discretos morados o estampados y negros si se tenía luto. En invierno, en vez de pañuelso al cuello en pico, cruzado por delante, anudado atrás, llevaban una pelerina de capa hecha de punto de lana también negra o gris. Las medias solían ser de algodón hechas por ellas mismas con cinco agujas y los zapatos abotinados. Para abrigo llevaban gruesas toquillas de lana dobladas por el centro de forma que quedaban rectangulares. También doblaban por el centro los pañuelos de merino negros que como las toquillas, llevaban echados por los hombros. Las señoras de más categoría social, cuando tenían luto, durante el primer año se ponían manto largo de gasa negro desde los hombros hasta el borde de la falda y sobre la cabeza, un velo de gasa. En el segundo año de luto, se ponían medio manto con la gasa y así acortando las gasas negras de año en año, se iban aliviando los lutos, que duraban tres, cuatro y cinco años. La ropa interior femenina era una camisa larga con un poco de forma a los lados, cortando la sisa de mangas y el escote un poco grandes y poniendo puntillas, o picos de ganchillo alrededor. Las enaguas eran fruncidas, atadas a la cintura, con jaretas, encajes o puntillas por el bajo y algunas usaban pantalones rematados con encajes en pateras, y abiertos por el centro. En el invierno usaban camisetas y refajos de punto blanco o de color y en el entretiempo, debajo de las blusas y para dormir, usaban chambras blancas. Los sujetadores eran "coletillos" cerrados con cordones y largos hasta la cintura. Algunas mujeres para ir a la Iglesia hacían "el cobijo" que consistía en levantarse el guardapiés por detrás, cubriéndose la cabeza con él, quedando al descubierto la saya. Usaban mucho el pañuelo a la cabeza que, si tenían luto, era negro y si no, a rayas formando cuadros casi siempre grises, unas veces selos ataban bajo la barbilla y otras, "al rodete", cruzándole por debajo del moño y anudándolo arriba, o sobre la nuca. En cuanto a los adornos y joyas, la mujer aldeana siempre usó sus pendientes de herradura de oro. |
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LA SALUDAORA. LOS REMEDIOS CASEROS |
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También en Aldeacentenera existían personas con ciertos "poderes" o cualidades: unas curan "lo eschangao" (contusiones, tendones fuera de su sitio, etc) , otras tenían cualidad de curar mal de ojo, o la rabia de los perros, (se las conocía porque tenían alguna especie se señal: cruz en la palma de la mano, en el cielo de la boca, etc), otras conocían remedios naturales para ciertas enfermedades o disfunciones orgánicas. Incluso algunas (en especial mujeres) "farataban" muchachos (hacían abortar). Para quitar las verrugas: se hacía una cruz con dos hojas de olivo (tantas cruces como verrugas) y se las escondía en un lugar determinado por el que no se podía volver a pasar hasta que no se te hubiese quitado. Otro remedio era el líquido lechoso que sale de los higos poco maduros al arrancarlos, o el líquido que sueltan los "curitas" (carralejas o abadejos). A los niños se les ponía amuletos para que nos les diese fiebre (sobre todo en las fases lunares) dicho amuleto consistía en una media luna hecha en una moneda de cobre de 10 céntimos de las de entonces. Sanguijuelas: Se las ponía para las inflamaciones con cardenales, para almorranas, o para la tensión sanguínea. Ventosas: para aliviar los dolores se ponía una cerilla de cera pegada en una perra gorda (moneda de cobre de diez céntimos) que se colocaba sobre la parte dolorida, encendían la cerilla y enseguida, sobre la perra gorda soltaban un vasito, que al hacer el vacío chupaba de la carne para arriba. Sauco: con hojas de este árbol cocidas en agua, se ponían paños en el lugar donde tenías alguna luxación, como en las muñecas o brazos, pies, etc. Cocimientos: se cogía varios tipos de "yerbas", sanguinaria, manzanilla, flor de los espinos, etc. y se preparaban infusiones para varios tipos de dolores o disfunciones.
Tercianas: se llamaban así a una especie de fiebre. Para curarlas se ponía la persona aquejada de espaldas a una laguna y recitaba: Buenos días, espolón: Tercianas tengo, tercianas son. Que de mí se vayan Y a ti no te vayan y se deshagan como la sal en el agua. Y se tiraba un puñado de sal hacia atrás para que cayera en el agua. Para la "rija" una especie de bulto que te sale en el ojo se metía un alacrán en una caja y se la cerraba bien, cuando el animal se secaba, se te quitaba la enfermedad. |